top of page

El día que aprendí a amar.

Foto del escritor: trsmto
trsmto
10 may 2019
3 min de lectura

A propósito del ya cercano #DíaDeLasMadres, creo oportuno contar la experiencia más satisfactoria de mi vida.


Hace un poco más de diez años, estaba apenas organizando mi vida, llevaba 4 semestres universitarios cursados, una relación que creía estable de poco más de 5 años y comenzaba un trabajo que había soñado por mucho. De repente pasó, pasó que comencé a sentir náuseas (por las que culpaba a mis lentes para ese momento vencidos), comencé a sentirme con muy pocas ganas de levantarme en las mañanas (más de lo normal), comencé a sentir un dolor insoportable en los senos que no me dejaba ni usar brassiere comodamente y comencé a sospechar que estaba pasando algo no planificado.


Recuerdo que lo primero que pensé fue.. ¡El trabajo! Recién comienzo, lo busqué por mucho tiempo, me acaban de dar una oportunidad única, de estudiar, y trabajar en mi área. Lo segundo fue: ¡NO ME QUIERO CASAR! Realmente atormenté a mi novio para ese momento con eso, la boda no es ni negociable, no nos vamos a casar solo porque estoy preña.


A todas estas, ni siquiera me había hecho la prueba, pero lo sabía, estaba segura que era irreversible, entonces después de hablarlo con el amigo en cuestión, decidimos comprar una prueba casera. Recuerdo haber llegado directo al baño, despaché al susodicho y le dije ¨yo te escribo¨, apliqué la prueba y no pude esperar, me salí. Le pedí el favor a mi mamá, ella la revisó y me dijo ¨hija tiene dos rayitas¨. Colapsé en llanto, no lo podía creer. Minutos después llegaron a mi casa en un parpadeo mis amigas incondicionales, felices por la noticia, pero a callar su felicidad para acompañarme en mi dolor, mi mamá las había llamado.


Aún incrédula, al día siguiente reuní fuerzas y madrugué. Fui a un laboratorio clínico y me hice la prueba de sangre antes de irme a trabajar. Encargué a mi mamá nuevamente de buscar los exámenes al mediodía porque sinceramente no podía esperar hasta llegar del trabajo. A las 12:01 p.m. la llamé (ese día cayó un super palo de agua en Punto Fijo, cosa que jamás pasa, pero mi mamá puntualita fue a hacerme el mandado) y el aló lo sustituyó por un ¨¡Voy a ser abuela!¨. Ahí fue, pasé el resto de la tarde llorando desconsolada en el mueble de la oficina con mis compañeras a los lados alentándome y abrazándome, tratando de hacer bromas para cambiar mi humor.


Yo decidida en llegar a casa y no hablar con nadie, con emociones encontradas a flor de piel, sintiendo que al primero que me hablara me lo comía y resultó que cuando salgo del trabajo y voy caminando a mi calle cuanto vecino me encontraba me veía, se reía conmigo y me felicitaba (obviamente mi mamá no aguanta un tribunal). Esto logró que mi animo fuera cambiando y fui encontrando sentido a lo que me estaba pasando.


Pasaron como 15 días desde que confirmé el embarazo en que el proceso fue incómodo, lento, de aceptación, tristeza, cambios (sobre todo malestares), me tocó la primera consulta y eco. Para ese entonces tendría como 8 o 9 semanas ya de embarazo y aún en la sala de espera imaginaba que el doctor en cualquier momento me iba a decir que no estaba embarazada nada, que era un falso positivo y que podía continuar con mi vida como venía. Entonces entré a consulta, me presenté, llené mi historia y pasé a la camilla para prepararme para el eco.


Comenzó el proceso y mi cara de pocos amigos tenía confundido al doctor, para ese momento él lo supo, supo que debía hacer primero.. Buscó el corazón, le dio máximo volumen al aparato y allí fue.. allí fue que entendí, acepte, creí y viví. En ese momento, el mismo instante en el que oí los latidos, que iban en compás con los míos y supe que eran de alguien que estaba dentro de mi, me emocioné, lloré, soñé con el futuro y sobre todo..

¡Aprendí a amar!




 
 
 

Comentarios


Subscribe Form

Thanks for submitting!

3246877807

©2019 by BetterAndBitter. Proudly created with Wix.com

bottom of page