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Grises

Foto del escritor: trsmto
trsmto
12 oct 2019
4 min de lectura

Miró a la ventana de la habitación. Después de que su vista empañada por la humedad lograran atravesarla, notó que estaba amaneciendo. Esa mañana tenía una reunión con una importante empresaria de la ciudad a quien había estado trabajando desde hacía par de semanas para que adquiriera además de la póliza familiar, la empresarial a todo riesgo para su colchonería. Le quedaban par de horas para levantarse, tomar una ducha, desayunar y llegar a tiempo a encuentro, así que se permitió quedarse un rato inmerso y contemplar la neblina que tapaba los valles que adornaban la vista desde la terraza de su moderno apartamento.

Mayormente, los clientes que el corredor de seguros, Nathaniel Tremont asesoraba, eran

personas de la élite de Medellín; dueños de imperios electrodomésticos, periodistas,

políticos y alguno que otro comerciante popular del sur de la ciudad, sin embargo, vivir al norte le permite descansar con profundidad, desconectarse de los pitos y ruidos de los suburbios y en las noches lluviosas aspirar el aroma de los suelos campestres. Para las 10 de la mañana estaba entrando a su oficina, a preparar el ambiente según el estudio previo que le había aplicado a su prospecto cliente. A la señora Laura Montoya le gustaba la formalidad, era una mujer regia, agraciada físicamente,empresaria desde que había obtenido el título de bachiller, cuando tuvo que asumir su rol en la empresa familiar de colchones. Siempre vestía con colores neutros y trajes formales que marcaban su figura, lo que iba con la imagen de mujer de negocios que intentaba proyectar, no obstante, Nate ya tenía un as bajo la manga, sabía lo que necesitaba de ella y no dudaría en usarlo a su favor para concretar la venta que tanto había esperado. Luego de 15 minutos de espera, Patricia, la asistente de Nate, una joven de 23 años con apariencia fresca y reservada, anunció que había llegado su cita.

Luego de cruzar la puerta de cedro macizo que separaba la oficina de la recepción, Laura

inmediatamente recordó por qué estaba allí. El corredor de seguros que la había abordado

en su oficina hacía dos semanas con esos ojos grises y porte esbelto, estaba esperándola con una sonrisa brillante que parecía indicar que también se alegraba de verla. El escritorio lo adornaban unos girasoles inmensos y llamativos (los favoritos de Lau) y de inmediato se le ofreció algo para tomar, habiendo tomado en cuenta que lo que estaba disponible era del agrado de la visitante en cuestión.

- ¿Te gusta el café? – preguntó Nathaniel - Tenemos cappuccino, latte, negro y con leche.

- ¡Por supuesto! Soy una adicta confesa, un café negro por favor- Respondió con una sonrisa Laura.

Patricia que ya sabía cuál sería la respuesta, pidió permiso y se retiró de la oficina para ir

por lo solicitado.

- Entonces, eres adicta al café. No lo habría adivinado.

Laura sonríe.

- Creí que ya lo sabrías, oí rumores de que entre tus técnicas comerciales están intuir ese tipo de información. Dijo con tono desafiante.

- Al parecer no fui el único que investigó, eso me agrada.

Al sentirse descubierta, intentó entrar directo al tema por el cuál la habían citado, desviando

así la atención de la verdad que se acababa de revelar.

- Entonces, cuénteme rápidamente acerca de la póliza que me ofrece. Tengo una reunión en hora y media y mi tiempo es limitado. Se limitó a decir Laura mirando a Patricia mientras servía el café.

En la oficina el ambiente era agradable, unos 18° C., iluminación acorde al espacio, y un

ventanal que dejaba ver los edificios que se encontraban al sureste de la ciudad. Sin

embargo, había un clima denso desde que Nathaniel se atrevió a dejar en evidencia a su

acompañante por lo que sintió la necesidad de reversarlo partiendo de que quien

necesitaba captar su atención, era él.

- Por supuesto, no le hago perder más tiempo. ¡Mis disculpas! – dijo mientras sacaba del cajón, el contrato previamente preparado.

– Verá, entiendo que su empresa pertenece al patrimonio familiar y que es sumamente

importante para ustedes mantenerla operativa. Por tanto, en nuestra propuesta, tomamos en cuenta a las aseguradoras que ofrecen una variedad de coberturas, que te protege de los riesgos ligados a al ejercicio de tu actividad. Aseguras además del edificio, los bienes de capital y los contenidos según tus necesidades las de los socios y empleados. Agregó Nate. A lo que Laura respondió – Entiendo, pero ¿qué la diferencia de la póliza actual que poseemos en la empresa? Tenemos muchísimos años con la misma aseguradora y nunca hemos presentado problema alguno.

- Exacto estimada Laura - intervino Nate – muchas de las cosas que hoy forman parte del capital de su organización, no están incluidas en su póliza por falta de conocimiento y asesoría. Yo personalmente le ofrezco un estudio previo de la situación actual de la colchonería, en cuanto a su capital comercial, operativo y humano y el abordaje de cada uno de ellos. Ustedes necesitan tener todo cubierto y en los honorarios presentados está incluido

todo este proceso, llevado a cabo por mí personalmente.

- ¿Quiere decir entonces que estaría usted a cargo de todo el proceso desde la empresa?

Interrogó Laura.

A lo que Nate respondió pícaramente – Si el cliente lo solicita, sí.

- Si no, puedo trabajar desde mi oficina para no incomodarles – Agregó.

Nathaniel sabía de antemano del interés que había desarrollado Laura por saber de él y que había estado investigando entre clientes y amigos de la procedencia de su empresa, así como también de su estatus civil. Lo que él ignoraba completamente eran las intenciones reales de Laura con su acercamiento y lo que ella estaba dispuesta a hacer para tenerlo cerca una vez más.

- Listo, entonces pautemos la próxima cita para que le haga la presentación con detalle a la Junta Directiva – dijo ella- Mañana mismo – Insistió. Nathaniel sonrió y procedió a levantar el auricular - Patricia, ¿mañana a qué hora estoy disponible? Listo, agéndeme a las 2 de la tarde con la señorita Laura en su empresa- levantó la mirada y agregó - Necesito que te quedes hoy, trabajaremos hasta tarde en la presentación y los detalles. Muchas gracias.

Laura se despidió con la misma ansiedad que lo había hecho dos semanas antes. Pero esta vez, la espera sería más corta.

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